Pruebas son canciones. Chano Domínguez y Mariola Membrives en el Mas i Mas.

 

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Ayer noche, el calor era extremo. Como anfiteatro al aire libre, el del Grec es un escenario magnífico pero su orografía no contribuye a que los asientos más cercanos al escenario disfruten de la brisa. Sobre todo cuando no hay brisa ninguna. El aire se detuvo y a la luna se le olvidó ponerse llena, como dos espectadores más del pianista Chano Domínguez y la cantante Mariola Membrives que inauguraron el Festival Mas i Mas.

Explicó Pere Pons en las palabras preliminares, que la unión Domínguez-Membrives era una propuesta inédita, creada para la ocasión, y también uno de esos sucesos que, no sabemos muy bien porqué, tienen algo de mágica predestinación.

El repertorio, clásico y rebosante de estándars, aunque no lo pareciera exigió mucho savoir faire de ambos artistas. Complicidad que, como bien dijo el maestro, ha nacido ahora y quiere/necesita seguir creciendo a mayor gloria de la empresa. Sabiendo que lo muy conocido precisa de una ejecución tan brillante que supere el más de lo mismo y rompa cada vez, como si fuera la primera, el celofán de la experiencia.

Los temas fueron sucediéndose de forma tranquila y natural. Quiero decir, sin preámbulos, ni justificaciones. Se notó sobradamente que los dos únicos solos del maestro al piano bastaban para que los seguidores confirmaran la adoración por Chano. Con su fuerza habitual, con ese talento de convertir cada nota en la sílaba limpia de un lenguaje que solo él sabe hablar pero con el que consigue hacerse entender por todos.

Y de repente: Mariola. Dulzura y arrojo a partes iguales, recogiendo los guantes que le tendían los arreglos de Domínguez. Apostando, como dije, sin complejos por temas de siempre servidos con acordes nuevos, maneras de coctelería moderna porque apetecía refrescarlos y pasarlo bien interpretándolos.

Aflamencando el tango, tangueando el bolero, jazzeando la ranchera… Pasando y traspasando los géneros gracias a la ductilidad de la magnífica voz de Mariola y a esos arreglos hechos desde la sabiduría pero también desde el cariño de querer arropar el repertorio: Cómo fue, Vuelvo al Sur, Nostalgia, Hacia dónde, Veinte años, Ojalá que te vaya bonito…  En especial Cómo fue de Ernesto Duarte y Vuelvo al Sur evocando a Pino Solanas, Piazzolla, también, claro, Goyeneche,… me arrasaron  por dentro los recuerdos y por fuera el maquillaje. La milonga Los ejes mi carreta de Atahualpa Yupanqui se me impuso con una contundencia absoluta, descarada. Añoré un poquito más de esa medicina, de envites al público que lo estaba, diría, queriendo tanto como yo, porque ella sabe y puede. Con franqueza, reconoció que el lugar impresionaba. Me quedé un poco más fuera de los temas en inglés, eso también lo digo aunque piense que bien está si bien les apetecían.

La cantante, que vine de un intenso año de teatro con el Federico García de Pep Tosar, de actuaciones internacionales con la banda sonora del film Blancanieves, con diferentes bolos de su propio espectáculo de flamenco jazz, Omega 20·16, revisitación a Morente, con numerosas puestas en escena como cantaora en el espectáculo Free Bach 212 de la Fura dels Baus, ella, decía, se enfundó en dos trajes de gala,  uno tul ilusión y el otro rojo raso, para dar otros perfiles de su arte en medio del, insistamos, impresionante escenario del Teatre Grec.  A lo Membrives, de la delicadeza al arrebato en un segundo.

Por feo que quede en cualquier cronista que se precie, voy a cometer la torpeza de hablar de mí. Bien pensado, no soy crítica musical, ni cronista… puedo permitirme no preciarme de nada. Pero hecha la mención del destino al inicio del texto, quiero y puedo hablar del que me lleva a seguir la carrera de Mariola Membrives con algo más que afición por la música. Sepa el lector, que una triple A me alía a esta mujer en las batallas de nuestras respectivas vidas, que se cruzaron felizmente hace tres años: amistad, arte, admiración.  Y sepa el lector que, más allá de los juicios y los gustos sobre los que, vale, vale, no hay nada escrito pero no se deja de escribir a diestro y siniestro, el de ayer fue un triunfo profesional y personal para Mariola, trabajado, soñado, merecido y disfrutado con los sentires a flor de piel, de la única manera que ella sabe hacer las cosas.

En la primera fila, una niña de no más de ocho o nueve años, sin levantarse del asiento, bajo la atenta mirada de la que seguramente era su madre, movía los brazos extasiada en coreografías personales. Yo la miraba de refilón sintiéndome como ella. Con muchas ganas de trazar, en el aire quieto de la noche, el dibujo de dos o tres pasiones que quedaron entre las notas de Chano, la voz de Mariola y esa otra persona que, a veces, la música me lleva a ser.

 

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jbaulo

Estoy empecinada en buscarme por lo que me pierde: libros, música y amigos. Estoy aquí, en las redes sociales y en www.pepibaulo.com y www.culturabisagra.com. También estoy en la playa, en mi cocina, en el cine, en las calles y plazas, en bares y cafeterías y en las antiguas tiendas de todo a 100, hoy bazares internacionales; pero ahí ya es más difícil dar una única dirección.

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