La contadora de historias Mariola Membrives

Los pies descalzos bajo la larga falda de encaje, negro riguroso el vestido entero, sin más adorno que la rubia cabellera y una mirada que lo contiene todo: la risa y el llanto, la ternura y la dureza. Arte sin artilugio.

Repertorio Llorona Jamboree Membrives

Ayer en la cava del Jamboree Jazz, con su espectáculo Llorona, Mariola Membrives nos dio finísimos argumentos para la emoción a borbotones, nos buscó la entraña como ella sabe hacerlo. Con su voz prodigiosa, dueña de mil colores, con la que todo lo conduce desde esa entraña hondísima a la cabeza pasando por el corazón. Con esa sencillez dulce con la que explica brevemente sus razones entre canción y canción.

Con la voz y también con el gesto preciso que pone en escena cada tema como una Scherazade moderna, contadora de historias que conocemos pero que necesitamos volver a escuchar de su boca. Intérprete potente pero esencial, ni muchos metros cuadrados de escenario ni grandilocuencias necesita para embelesarnos con Nostalgia, Llorona o La hija de Juan Simón. Yo lloré la primera vez que se las escuché como lloro aún, como llora media sala mientras la otra media reprime la lágrima. Para dejarnos descansar, nos ofrece un canto de trabajo maravilloso, La Pajarona, una Colombiana delicada, un Naranjo en Flor de escándalo o una versión exquisita de La Dama de la Isla de Javier Ruibal. Verdugo, composición propia, nos vale por tres meses de terapia en un psicoanalista… Y más temas, que cada uno se deleite con el suyo preferido; yo sigo enteramente erizada con Barro tal vez de Luis Alberto Spinetta.

El proyecto Llorona es bello y sabio desde la primera composición a la última. Su selección de títulos es un acierto en sí misma. Un proyecto maduro y rodado en muchos escenarios que se estrena cada vez en el simple y expiatorio ritual que ofician el contrabajista japonés Masa Kamaguchi y Mariola Membrives. La voz de la cantante, con la única ayuda del contrabajo de Masa, fiel pero inspirado, con vuelos magistrales, no necesita más. Mientras Mariola canta puedes escuchar la respiración de los presentes, a tres filas de distancia. El silencio impresiona y hasta duele romperlo con los aplausos.

Al finalizar, el público explota en comentarios: que una actuación sabe a poco, que  voy a comprar el disco, no vaya a ser que se agote, que si se confirman nuevas fechas de actuaciones, que si el tema de Amalia Rodrigues, Tive um coraçao perdi-o, está en el disco (sí, está). Mariola sonríe, agotada. Otra vez la Llorona ha cumplido su maravillosa misión de limpiarnos los ojos, mimar esos dolores escondiditos que todos tenemos ahí y despertarnos el deseo de más canciones cantadas sin artilugio y con tanta honestidad. De más Mariola.

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